DE TOLERAR LA FRUSTRACIÓN A VALORAR EL FRACASO

Aprender a afrontar los errores, las limitaciones y los diferentes “NO” que nos encontraremos a lo largo de nuestra vida comienza en las edades más tempranas y todos lo conocemos como “tolerancia a la frustración”.

Tolerar la frustración implica hacer consciente a la persona de que no siempre va a conseguir el objetivo que se ha planteado, que los sentimientos de tristeza, enfado e impotencia que genera este fracaso son normales y tiene que aprender a superarlos.

Este aprendizaje se hace cada vez más importante para nuestros niños si tenemos en cuenta que en nuestra sociedad los cambios son rápidos y lo que hoy consideramos una novedad mañana será algo pasado de moda. La incertidumbre y lo desconocido está cada vez más presente y por lo tanto a lo largo de su vida muchos serán los momentos en los que aparecerán situaciones desagradables que tendrán  que aprender a  afrontar y superar.

En este sentido, la escuela y la familia han de remar en la misma dirección favoreciendo y ayudando a que nuestros niños desarrollen la capacidad de tolerar la frustración, de ser valientes y no temer al fracaso de manera que sean capaces de emprender proyectos, de ser flexibles y tolerantes ante actitudes y opiniones diferentes a las suyas de manera que salgan fortalecidos de situaciones adversas.

El punto de partida para lograrlo es crear un ambiente de seguridad y confianza donde los niños confíen en sus posibilidades y conozcan sus limitaciones. Por eso desde el colegio hemos estado trabajando la autoestima, tal y como os hemos contado en noticias anteriores.

Es importante que confíen en sí mismos, que crean que son capaces de alcanzar sus objetivos pero a la vez deben tener presente cuáles son sus limitaciones de manera que esos objetivos se conviertan en alcanzables y puedan seguir avanzando y aprendiendo.

Todo ello pasa por dar a los niños la oportunidad de equivocarse. Por tanto no les ayudamos dándoles todo lo que piden para evitar rabietas, haciéndonos cargo de sus errores, impidiendo que se enfaden u organizándoles cada minuto del día con actividades para que no se aburran. De esta manera les estamos haciendo vivir en una irrealidad que tarde o temprano descubrirán como un engaño.

Si queremos prepararles para el futuro es necesario pasar de  tolerar la frustración a valorar los errores y el fracaso como una oportunidad de aprendizaje dejándoles que tomen la iniciativa,  que sean creativos, que emprendan proyectos, etc. Y todo ello con responsabilidad.

Ese es el otro elemento clave, en ocasiones consideramos que dejarles hacer todo lo que quieren es lo mejor, que eso es tomar decisiones y ser creativos olvidándonos de que todo ello no será una experiencia de aprendizaje si no les hacemos responsables de lo que ocurre después.

Tal y como asegura Ignacio Martín Maruri (Ingeniero y profesor de Liderazgo y de Transformación Organizacional): "La seguridad sin exigencia solo genera comodidad. Pero por otro lado la exigencia sin un entorno capaz de contenerla sólo genera angustia y evasión”.

En definitiva encontrar el equilibrio entre una y otra es imprescindible tanto en la familia como en la escuela. Valorar el esfuerzo del proceso más que el resultado final es la clave, desde mi punto de vista, para encontrar ese equilibrio, para motivar a nuestros hijos y a nuestros alumnos otorgándoles la posibilidad de aprender de sus fracasos ayudándoles a descubrir dónde está el error, cuál fue la causa del mismo y qué pueden hacer para cambiar el resultado.

Frases como Si no lo intento no lo aprendo”, “Si algo sale mal lo volvemos a intentar o la famosa y por todos conocida frase Quien tiene boca se equivoca, han de estar presentes en toda situación de aprendizaje sea cual sea el lugar donde se produzca.

Así lo consideramos en nuestro colegio y por ello se han convertido en lemas desde las primeras etapas.

Ignacio Martín Maruri ha impartido una conferencia titulada: “El valor del fracaso” dentro del ciclo de conferencias “LA EDUCACIÓN QUE QUEREMOS” (Fundación Botín). En ella encontraréis algunas claves para comprender la necesidad de entender que un error no es el final sino el primer paso para avanzar:

"El valor del fracaso", por Ignacio Martín Maruri


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